El pastor perdido

By revistagama

Fernando Morales.-  ¿Qué os parece, si cien ovejas tienen un pastor y un día se descarría…?

Que un pastor abandone el redil de la Iglesia no puede convertirnos en jueces despiadados.

Más bien es el momento de apacentar ovejas, porque ese su pastor está desorientado.  Porque este pastor suyo está desesperado al verse descubierto en su fracaso.

Fue el miedo y la pasión quienes lo han empujado a cubrir, con un error más grave, su pecado.

Dime, pastor, ¿desde cuándo no hablas con tu Amado, al que juraste amor eterno? ¿Desde hace cuánto sientes que aunque Él es tu Pastor aún te falta algo? ¿Y cuándo te pasaste de pastor a asalariado? «El asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye» (Jn 10,12).

Si hoy las abandonas y vas a otro rebaño, ¿quizá no las amabas desde antaño?  Ya hubo otro pastor, que al verse muy turbado, negó a aquel que le había entregado su cayado. Escucha tú también el canto de los gallos. (cf. Mt 26.74).

Regresa a tu redil, que te necesitamos. Que puedes también tú llorar tus grandes fallos y repetir el gesto junto al lago: «Señor, tú sabes todo, tú sabes que te amo» (Jn 21,17).

Porque el Pastor Eterno a ti te está buscando, ahora eres su oveja, perdida por los campos. ¿Es que no reconoces la voz del Buen Pastor? ¡Te llama por tu nombre! Y no descansará hasta que le permitas tomarte entre sus brazos. Y entonces volverá gritando alborozado: «alegraos conmigo, porque hemos encontrado a mi pastor querido, a mi cordero amado; aquel que estaba muerto, y ahora ya está sano; porque estaba perdido, y ahora ha sido hallado» (cf. Lc 15,6.32).